Retrato nómade de Daniel Melingo con algo de road movie en banda, donde el “trovador errante” le pone ritmo a un camino de desvíos constantes y sonantes, con una calle Corrientes que puede ser una estación europea. Así el mapa se desdibuja en los pasadizos mentales de un músico radicalmente inclasificable, que para ser un genio escénico no necesita telón ni tarima.